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50 Años despues "Sgt. Pepper": el disco más ambicioso de los Beatles

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Fue el disco más ambicioso de los Beatles. Tiene una concepción revolucionaria que va de su arte de tapa a ciertos trucos de estudio. Resc...

Fue el disco más ambicioso de los Beatles. Tiene una concepción revolucionaria que va de su arte de tapa a ciertos trucos de estudio. Rescatamos cinco puntos salientes de la cumbre psicodélica que cumple cinco décadas.


1) Una banda por otra. Los Beatles estaban cansados de tocar en vivo, de ser funcionales a un ideal de cultura del entretenimiento en la que el griterío fanatizado superaba en volumen a cualquier detalle sonoro de una obra que ya había entrado en fase experimental con Rubber soul (1965) y Revolver (1966). Lejos de resignarse, tomaron cartas en el asunto y se refundaron. Así fue que el 26 de agosto de 1966, y en San Francisco, ofrecieron su último show con entrada paga para luego pasar a otra cosa de forma decidida. Entonces empezaron a materializar el delirio de refugiarse en otra identidad, atendiendo que eran músicos consumados experimentando con LSD y muy conscientes de su impacto cultural. Esa idea fue de Paul McCartney, el más conectado con el frenesí vanguardista del swinging London y quien finalmente llegó a “La banda de corazones solitarios del Sargento Pimienta” como grupo de alter egos que reemplace al The Beatles tal como se lo conocía. De hecho, en la portada y en su versión reseteada, los John, Paul, George y Ringo están reducidos a estatuas de cera. Este nuevo presente, en cambio, los muestra como artistas (no sólo músicos) agitadores y altaneros que usaban al estudio de grabación como instrumento de conmoción.

2) Tiempo veloz y plenos poderes. En poco más de cuatro años, los Beatles pasaron de un debut grabado en 13 horas y con tracklist engrosado con unas versiones a preparar su obra más ambiciosa, para la que necesitaron 700 horas y una orquesta de 90 músicos, además de un George Martin siempre dispuesto tanto a atender caprichos como a aconsejar; sobre todo en los casos de When I’m sixty four y Being for the benefit of Mr. Kite, en los que puso su experiencia como productor de musicales y comediantes. El gesto megalómano de los Beatles no se tradujo en una obra consistente con respecto a su contenido sonoro, más allá del un inmensurable impacto cultural que se extiende hasta hoy. Es más, aun cuando Sgt. Pepper está considerado “el” álbum conceptual, sus temas no refieren a un solo tópico sino a varios. Sospechada por lisérgica desde siempre, Lucy in the sky with diamonds está inspirada en una interacción plástica de Julian Lennon, hijo de John, con su compañera de clase Lucy O’Donell; She’s leaving home refiere a una hija que se va de su casa y está planteada en términos de dramaturgia, con Paul interpretando el alma que huye de las convenciones y John a la que pone un freno, que reprime, que es la de los padres; en Within you without you, Harrison le da aire a su fascinación por la música hindú; With a little help from my friends es un chiste interno amplificado por el carisma interpretativo de Ringo. Pero hay un tema que eleva la media…
3) A day in the life. Y esa canción es la que cierra el disco, tal vez una de las composiciones más hermosas y misteriosas en la historia de la música pop. No sólo por cuestiones formales, sino por la enorme cantidad de interpretaciones que despierta hasta el día de hoy. El comienzo de la gestación es tal cual podríamos imaginarlo: John Lennon al frente del piano, con el Daily Mail abierto en una noticia que lo impactó: Tara Browne, un joven millonario que era amigo suyo y de McCartney, había muerto en un accidente automovilístico. Pero esa línea es apenas la que abre un pequeño universo de sentidos: cada estrofa de A day in the life habla de algo que, a su vez, puede remitir a otras cosas: estados de ensoñación, postales urbanas y cotidianas, frases pícaras que remiten al sexo. La canción tiene dos partes, una lennoniana, más cansina y de sílabas más largas, y otra con evidente impronta de Paul (“Woke up, fell out of bed”). La forma en que se unen los pasajes es una historia aparte que involucra el talento de George Martin y una orquesta de casi un centenar de músicos que, a través de un in crescendo emocionante, consiguen llevar la canción hacia el punto de inicio: la unión de dos partes que, en apariencia, no son compatibles desde lo armónico pero que gracias a esa intervención se ensamblan de manera grandiosa. Como otras canciones del disco, A day in the life no comparte concepto con Sgt. Pepper, sino que funciona como una especie de coda: el acorde de piano del final queda sonando durante varios segundos y, una vez que empieza a apagarse, un silbido imperceptible aparece antes del collage sonoro que clausura la obra. “Imperceptible” para nosotros, claro: según la leyenda, está en una frecuencia en la que los perros pueden escucharlo. ¿Guiño al Pet Sounds de los Beach Boys?


4) Un contexto. Con Sgt. Pepper, los Beatles no sólo estaban inhumando su vieja versión sino un corsé histórico. “1967 fue un año bisagra. El movimiento hippie está en su apogeo y la guerra de Vietnam, en su peor momento. La juventud se rebelaba cada vez más contra los cánones preestablecidos. En este marco, el arte florecía por todas partes y de las más diversas maneras, tratando de encontrar el verdadero sentido de la vida, con profundos replanteos existenciales. Por entonces, la música constituía un vehículo de estos nuevos vientos, con una influencia social que hoy no tiene. En ese verano del amor, el 1º junio de 1967, vio la luz este disco que provocó una verdadera revolución”. El análisis corresponde al juez Federico Ossola, un beatlemaníaco sin red que fue consultado por VOS.

5) La tapa, obra de arte. La portada del álbum también marca un eje en la historia de la cultura: realizada por el artista Peter Blake, muestra a los nuevos Beatles al frente de una galería con toda clase de personajes históricos, incluidos los viejos Beatles. Una obra conceptual, como la música que lo contiene, que también prefigura la alianza de las artes plásticas con la música popular. Arte Pop con mayúsculas.

Detalles de la lujosa reedición aniversario

Para celebrar el 50° aniversario de la edición de Sgt. Pepper’s lonely hearts club band, los Beatles vivos (Paul y Ringo) más la viudas de John y George (Yoko y Olivia) dispusieron una reedición lujosa. El álbum ha sido mezclado nuevamente en estéreo y audio 5.1 surround por Giles Martín (hijo del productor original, George Martin) y Sam Okell, y expandido con primeras tomas de las sesiones de estudio, incluyendo no menos de 34 grabaciones no editadas. “Es loco pensar que 50 años más tarde estaríamos mirando hacia atrás este proyecto, con una mezcla de cariño y asombro. Preguntándonos cómo cuatro tipos, un gran productor y sus ingenieros pudieron hacer una pieza de arte perdurable”, dice Paul McCartney en la introducción de esta reedición aniversario.

“Sgt. Pepper parecía capturar la onda de ese año y eso permitió a un montón de otra gente comenzar desde ahí y avanzar hasta conseguir algo nuevo”, fue lo que aportó Ringo Starr a su turno y en las mismas páginas.

Esta es la primera vez que Sgt. Pepper ha sido remezclado y presentado con sesiones adicionales de grabación, y es la primera vez que un álbum de los Beatles es remezclado y expandido desde el lanzamiento de Let it be… Naked en 2003. Para crear el nuevo estéreo y las remezclas, el productor Giles Martin y el ingeniero Sam Okell trabajaron con un equipo experto de ingenieros y especialistas restauradores de audio en los estudios Abbey Road de Londres. En síntesis, la edición incluye un segundo CD con tomas alternativas cuya escucha permite vislumbrar el trabajo obsesivo que subyace en la obra.

La celebración no se agotará en los productos tangibles y digitales del mercado discográfico. El sábado a las 20, el canal OnDirectv emitirá el documental Sgt. Pepper’s musical revolution, con la conducción del compositor Howard Goodall.

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